¡La Búsqueda del Tesoro 2016!

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¡Gente! ¡Aquí tengo la sonrisa más boba del 2016! ¡Cómo me gusta escribir este post! Cada año La Búsqueda del Tesoro me inunda de alegría, ilusión y me reafirma que tengo el trabajo más bonito del mundo. Ver que tantas personas se lanzan a este juego fotográfico es espectacular. Cuando veo el mural me vuelan mariposas en el estómago. Gracias a todos los que tuvieron el entusiasmo y compromiso de completar este reto. Todo el que haya jugado a buscar el tesoro ha ganado:

- Una mirada más entrenada.
- Práctica fotográfica (y divertida).
- Un verano (o un invierno para los sureños) un poquito más emocionante.

Así que si participaste, llevaste tu cámara contigo a todas partes, saltaste charcos, perseguiste pájaros, te escondiste para fotografiar extraños, completaste el juego, subiste las doce fotos a nuestro mural y no te ves entre los finalistas, no te desilusiones porque te prometo de corazón que de todas maneras eres un ganador. Te lo digo yo que sé lo que cuesta hacer una serie fotográfica durante las vacaciones.
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¿Qué había que buscar?
El juego consistió en hacer doce fotos de elementos específicos que el jugador tenía que encontrar en su ciudad o pueblo. No se trata de fotos preparadas sino de hallazgos. 

Un artista callejero
Sombras
Una verja
El color amarillo
Un pájaro
Amor
Velocidad
Escalones
Un robado*
Algo escrito en el suelo
Un charco
Un campanario

*Un robado es la foto que haces a una persona sin su permiso y sin que se de cuenta.

 

El resultado
Con montañas de cariño hemos estado mirando foto por foto. Son cientos así que ha sido un trabajo de hormiguita. Nuestros tesoros favoritos son aquellos que constituyen verdaderos hallazgos en las ciudades y pueblos, no fotos preparadas. Los que tienen cierta unidad como conjunto y los que tienen fotos bonitas, claro. Tenemos una ganadora y varias finalistas. Me encanta ver que algunos de estos tesoros fueron hechos en ciudades donde la fotógrafa estaba de vacaciones. Eso me ENCANTA. Yo estuve en un montón de sitios increíbles durante mis vacaciones y no completé mi tesoro (me faltaron cuatro fotos). Y luego vi tesoros encontrados en lis mismísimos sitios donde yo fracasé como una pasmada. Qué verguenza, Jackie. Por eso mi admiración y mis felicidades a todas las personas que sí lo hicieron.
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GANADORA
Ana Pardos Corrales
¡Ana ganó también el año pasado! Y a pesar de eso, se superó a sí misma y trajo unas fotos mucho más bellas esta vez. Eso demuestra lo que doce meses de práctica hacen en las habilidades de una persona. Las fotos de Ana este año tienen mejor composición y luz y, en general, hay también mejor control de la técnica. Pero, sobre todo, lo que veo aquí es que el ojo fotográfico de Ana se ha afinado más. Tiene la mirada más alerta. En estas fotos veo que su pasión por la fotografía ha ido creciendo. ¡Felicidades, Ana!  Ya mismo te mandamos tus libros de premio.
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FINALISTAS
Exploración, curiosidad, imaginación, técnica, coherencia estética, cada uno de estos tesoros nos gustó por diferentes razones. Este año traigo un montón de finalistas. Haz click en los mosaicos para llegar a los enlaces individuales. Todas nuestras cazatesoros finalistas son chicas. ¡Y algunas repiten! Go girls! 

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Nathalie Le Bris

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Landart

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Carmen Moreno 

 

Lady Selva

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Paula


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Karina Manghi

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☼ Mrs ☼

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Laura

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Maelia Rouch

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LOS BUSCADORES

Esta es la lista de los participantes que subieron su mosaico a nuestra galería de Flickr hasta el día 7 de Agosto. Si hiciste tus doce fotos y tu mosaico y tu nombre no está en la lista, déjanos un comentario aquí con el enlace y te agregaremos lo antes posible. Si encontraste el tesoro, que el mundo lo sepa. Si tienes alguna duda, revisa las instrucciones del juego aq.

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Adry Galiñanes
Alboheza PR
Alicia Clerencia
Alma Cucco
Ana
Ana De Haro
Ana Flow With The Life
Ana Pardos Corrales
Angela MGM
Angels Rocafiguera
Beatriz Muñoz López
Brunella Vitali
Carmen Moreno
Carmen T. Chaguaceda
Cecilia Angiocchi (1) (2) (3)
Clara Sanz
Claudia Vicencio
Crispin la valiente
Cristina Belery
Cristina Rubira
Elior3d
Elisa Félix
Elishue
Erika Adrián
Esther Moyua
Fabiana Gauto
Francisco José Montoliu Bueso
Isabel Umbria

Jessica Riveti
Josefina Segura
Karina
Karina Manghi
Karla Bayly
Krystal Nava
Lady Selva
Landart
Laura
Letua
Lorena Rojo Zumel
Lulu CT
Lupita
Maelia Rouch
María Cecilia Valenzuela Pontaza
María Fernanda Roig
María Sanz
Maribel Naiz
Marisa Esteban
Martifer
Mercedes Pascual
Miguel Angel Medina
Montse Gisbert
Mrs ☼
MP Melián
Nathalie Le Bris (1) (2)
Noel Uroz
Noemí Jiménez
Olga Sola
Panthea616
Patricia Ramírez
Paula1537 
Paula Dopico (1) (2)
Pilar Ruiz
Rosa Belarte
Silvia Calvo
Sonia Grases
Stella Marys
Susana Rodríguez
Teresa
Veronica
Verónica Negrete Ramírez
Virginia Jorquera Zamora (1) (2) (3)
Xelea
Yolanda Martínez Borroel
Yol M

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Nuevo tema de agosto: Diario de viajeReto, inspiración y normas en nuestro foro.
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Las recetas de cocina de un viaje

Mentiría salvajemente si digo que uso mi colección de libros de cocina para cocinar. Los leo página a página con la misma pasión que si fueran novelas. Los pido de regalo en Navidad, invaden mi casa, los contemplo, los huelo, los acaricio, los llevo de mi sofá a mi mesa de noche, pero la verdad es que no me da tiempo de usarlos todo lo que merecen. Ojalá. Mis favoritos son los que tienen anécdotas escritas por sus autores en las recetas, los que vienen impregnados de historias personales. Pero especialmente AMO los libros de cocina de un lugar específico del mapa. Aprendo sobre la cultura local, los productos, las costumbres y además, si viajo a ese sitio, me sirven para saber qué probar en los restaurantes y que recrear en mi casa. Epic win.

Cuando viajo, mi intención es venir cargada de libros de cocina, pero rara vez me los puedo traer del propio lugar porque no tengo espacio en la maleta. Me he autoadiestrado para viajar con lo mínimo, llevando solo un  pequeño carry-on y ahí no hay shopping que entre. Los motivos y tips se los cuento en un próximo post (como prometí en Instagram), pero lo que hago es visitar las librerías y cada vez que me enamoro de un libro primero reviso en mi teléfono si lo tiene Amazon. Si no hay conexión, le tomo una foto y apenas encuentro wifi lo busco. Si está en Amazon lo compro y me lo envió a casa para que algo lindo me espere al regreso (¡ilusión!).  Si no está, lo compro en una librería y me lo pongo de sombrero durante el resto del viaje. Hoy les voy a hablar de los lugares que acabo de visitar este verano y sus libros de cocina. Los míos están en inglés, pero es probable que existan traducciones. Este verano mi viaje comenzó en Islandia. El año pasado también fui y esa fue una de las veces en que no encontré el libro en Amazon y lo compré al instante en la fabulosa librería Eymundsson de Akureyri.
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Into the North de Inga Elsa Bergþórsdóttir y Gísli Egill Hrafnsson.
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Las fotos son bellas. El texto es sensible. Aprendí que los islandeses hacen té, sopa y mermeladas con el musgo, la historia de la tradición de comer ballena y caballo, dos cosas que me ponen un poco los pelos de punta, la forma de criar a las ovejas para tener la mejor carne de cordero del mundo, lo que hacen en cada estación, cómo usan las hierbas. Fue una lectura linda. Aprendí más del país con este libro que con todas las guías turísticas. Into the North es precioso para los amantes de la sublime Islandia aunque no hagan nunca una receta, lo prometo. Después de la niebla, el frío y la soledad nórdica aterrizamos en la costa de Amalfi concurrida, ardiente, un poco caótica y bonita a más no poder.
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La vista desde nuestra casa en Praiano. Cuesta creerla.
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Amalfi Coast Recipes de Amanda Tabberer
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Este libro no está escrito por alguien de la costa de Amalfi. Ni siquiera por una italiana. Es un factor que podría haberme inspirado desconfiaza, pero hace tiempo entendí que muchos de los más lindos libros de cocina regional están escritos por extranjeros. Visitantes que se apasionan por los sabores de una comunidad hasta el punto de quedarse allí por años sumergidos en las cocinas locales investigando, entrevistando, recopilando, cocinando y escribiendo. Y el resultado es extraordinario. Amalfi Coast Recipes es como volver a viajar por allí. No solo reconozco los platos y los ingredientes sino algunos de los restaurantes de la gente entrevistada. Es pintoresco, colorido y delicioso como Amalfi. Casi puedo oler los limones y sentir los gnocchi alla sorrentina deshaciéndose cremosos en mi boca.
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Tasting Rome de Katie Parla y Kristina Gill.
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Después fuimos a la magnífica Roma. De comida italiana y específicamente romana hay como un millón de libros. Yo elegí este a los 10 minutos de llegar, en La Feltrinelli del aeropuerto, mientras esperaba que mis acompañantes fueran al baño. O sea, flechazo a primera vista. La contraportada dice que es “una carta de amor de dos americanas a su ciudad adoptiva” y ese es el sentimiento que desprende. Está amorosamente investigado, documentado, escrito y fotografiado. No he tenido tiempo de usarlo aún, pero promete sabores frescos y recetas olvidadas de una ciudad antigua y tengo un buen presentimiento con ese libro, gente.
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Cooking with Loula de Alexandra Stratou
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Fuimos a Santorini y Mykonos con cero expectativas, más bien pesimistas y resulta que nos enamoramos con pasión y desenfrenada no solo de los paisajes y pueblos, sino DE LA COMIDA. Lo escribí en mayúsculas porque estoy desaforada. Parece que mi paladar y la cocina de Grecia nacieron el uno para el otro y no lo sabían. Y al encontrarse hubo fuegos artificiales. No es que no hubiera probado comida griega antes. Sí y muchas veces, pero esto fue otra cosa. Eso fue de verdad. Feta al horno envuelto en hojas de phyllo con miel y sésamo, fava (hummus de lentejas amarillas), pulpo, tyropitas, guisos y tzatziki en todas sus formas y no sigo porque lloro de nostalgia. Desde hace mucho había estado buscando un libro de cocina griega, pero todos me parecían feos. Entonces, en Oia entramos a la famosísima, diminuta y pintoresca librería Atlantis Books y ahí sobre una mesa estaba mi libro junto a un cartelito que decía “Este es el único libro de cocina que esta librería ha recomendado”. Lo tomé en mis brazos como a un milagro. Tiene todo lo que quiero aprender a cocinar. Mientras Marianne y Valeria escogían un regalo allí, empecé a pensar que 1) cuarenta euros era demasiado por ese libro y 2) no tenía espacio en el equipaje. Con mucha fuerza de voluntad lo solté, pagué los libros mitológicos de mis hijas y me fui arrastrando los pies. Media hora más tarde lo encontré en Amazon en 19 dolares y envío gratis. Sé que hay que apoyar la economía local para que las librerías independientes no desaparezcan, pero por favor.
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My Little Paris Kitchen de Rachel Khoo
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Probablemente haya personas en desacuerdo conmigo y quiero decir aquí que soy en parte francesa y que idolatro Paris, pero encuentro que no es una ciudad fácil para comer. A ver si me explico: delicias francesas hay de aquí a la luna, pero no es como en Italia o Grecia que comes rico y auténtico en cualquier hueco por poco dinero. En París tienes que pagar carísimo si quieres una buena experiencia gastronómica, o tienes que ir con un parisino que te diga dónde comer saliéndote del circuito turístico (no es fácil) o tienes que ir a las tiendas y comprar cosas exquisitas que me vuelven loca de solo recordarlas y hacer tus propios picnics. Quizás tengo esa impresión porque Marianne es vegetariana y sus opciones en París eran prácticamente inexistentes, no sé. En mi experiencia, lo ideal para un visitante es comprar quesos, vinos, mostazas, patés, panes, confituras, quiches y tartas de frutas y comer en uno de los parques alucinantes de la ciudad. O  ir a las callecitas o pequeñas plazas y encontrar un bistro genuino para una comida informal que te deje saborear el legítimo París. Mi familia y yo tenemos la costumbre de comer la cocina del lugar que visitamos lo máximo posible y París a veces puso a prueba nuestras intenciones, pero igualmente comimos 99% a la francesa durante siete gloriosos días.  Lo que me gusta de Little Paris Kitchen es que está lleno de esas recetas parisinas clásicas que me encantan, pero simplicficadas para el no-chef. Tengo otros libros de cocina francesa, pero traigo este (que no es nuevo) al post porque es lindo, fácil, amigable y adorable. Y antes de terminar el post voy a mostrar una compra impulsiva y muy simpática en París.
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Les Recettes de Rémy de Nicole Seeman, Disney

El penúltimo día de nuestro mes viajando fui con mis hijas a Disneyland Paris. Nuestro ticket también valía para el otro parque pequeño, Walt Disney Studios, así que a las 6 de la tarde fuimos allá con la sola intención de subirnos la atracción Ratatouille: The Adventure que nos pareció fabulosa. A la salida vimos una tienda que se llama Chez Marianne y de ahí salimos con un Rémy de peluche que va de cama en cama en esta casa y este librito que Valeria se trajo. Es para niños así que todo es fácil y con pocos ingredientes, pero hemos encontrado por lo menos siete cosas que nuestro niño interior quiere probar.

Ahora me encantaría que me dijeras si tienes libros de cocina regional que te gusten y me quieras mostrar. Pueden ser de cualquier parte del mundo, tengo libros de todo el planeta y siempre estoy interesada en buenas recomendaciones. ¿Conoces estos de mi post?

 

Atención foodies: el 2 de septiembre comienza Superstar: mi  precioso taller de fotografía de tabletop para artesanos, artistas con tienda online y food bloggers. Aprende a sacar provecho a tu cámara y a hacer fotos de aspecto profesional en tu casa ♥

Lee más aquí

El agua y los sueños

Todavía me parece un sueño, pero voy camino a una isla mágica. Y cuando digo mágica es en serio. El setenta por ciento de su población cree que en esa isla hay duendes y quién soy yo entonces para discutirlo. Por alguna razón me es más fácil creer en duendes que en religiones y cuando estoy esa isla extraordinaria lo que veo me hace pensar que allí nada es imposible. Hay cosas que yo nunca había visto antes, cosas geográficas, geológicas, metereológicas. Glaciares, volcanes, arcoíris triples, playas negras, icebergs, bahías llenas de cisnes, geysers, ríos de lodo burbujeante, lagunas turquesa neón, campos de ceniza y praderas con fumarolas. Esas son las cosas que se ven, pero luego están las cosas que se sienten.

Y hay  agua en todas sus formas y sabores donde quieran que miren mis ojos. Agua dulce, salada, con silicio, con azufre, con patos, en vapor, en témpanos, hirviente, explosiva o en cascada. Esa isla es la primera de varias que voy a visitar en las próximas semanas. Estuve a pensando en cancelar este viaje porque mis dos hijas se enfermaron al mismo tiempo de cosas distintas. Eso tenía que pasar, por supuesto, porque por primera vez en la vida habíamos organizado y pagado todo con muchos meses de anticipación. Ley de Murphy a todo trapo. Pero, luego de cien mil citas médicas y cien mil preocupaciones, subimos al avión a inundarnos los ojos de islas, de costas azules, de pura agua.
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Las fotos de este post nada tienen que ver con mis vacaciones, ni con duendes ni paisajes sobrenaturales. Son algunas de las fotos maravillosas compartidas en La Vuelta al Mundo este mes. Había tantas, tantas, tantas que me gustaban y yo solo pude tomar sesenta. Si participaste y piensas que tu foto era muy bella y que merecía estar aquí, probablemente estás en lo cierto. A veces no escojo ciertas fotos para el mural porque tienen marcas de agua demasiado grandes, invasivas y notorias. Pero la verdad es que hay muchas fotos lindas y solo puedo incluir poquitas. A todos: gracias por compartir en esta comunidad espectacular cosas así de bellas.
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La Vuelta al Mundo cumple 9 años y para celebrarlo, mientras chapoteo de isla en isla (unas cinco, por lo menos) te invito a jugar el juego más divertido de la temporada: ¡La búsqueda del tesoro! Tienes que hacer doce fotos con tu cámara o tu teléfono y compartirlas con nosotros. Es la sexta vez que jugamos y, como ya es tradición, escogí un premio bonito para el tesoro ganador. Toda la información está aq. Visita la página, mira las reglas, mira el pequeño premio y anímate a jugar con nosotros, ¿si? ¿ok? ¡FABULOUS!

Si quieres mirar mi viaje por un huequito, sígueme en Instagram @jackieruedaphotography y en Snapchat: jackieruedav.
Y si quieres hacer fotos más lindas tú también, ven a mi próximo taller online porque vamos a pasar unos días superbonitos. Los puestos son limitados.

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El primer lugar querido

Cuando llegamos a Montreal hace once años era el comienzo del verano y los colegios estaban a punto de terminar las clases. Por eso mis hijas, de entonces siete y diez años, tuvieron que esperar tres laaaaaargos meses para comenzar a hacer amigos. No conocíamos a nadie, vivíamos en La Pastilla (una casa diminuta) y la verdad es que arrastrábamos el ánimo por las aceras de la ciudad. A veces parecíamos tres trapitos. O quizás era solo yo. Es casi seguro que era solo yo. Era yo.
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No digo que éramos completamente miserables. Había un 60 % de melancolía, nostalgia, soledad, ansiedad por lo desconocido y sentimiento de pérdida y un 40% de emoción por nuestra nueva vida. Esas mariposas del que está estrenando un país flamante, aquello del cuaderno en blanco y todo el cuento. A ese 40% nos agarramos como pudimos. Yo tenía la misión de distraer a Marianne y Valeria para hacerlas sentir mejor. Para sentirme mejor. Y entonces empezamos a ir al Jardín Botánico.
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También fuimos a otros sitios. Nos hicimos el carnet de la preciosa piscina de Hampstead donde pasábamos las tardes para escapar del calor (porque en Montreal puede ser muchísimo más caliente que en Caracas). En realidad íbamos a todas partes todo el tiempo y nos aprendimos el mapa del metro de memoria por esa sed de explorar y ocupar nuestra cabeza con planes. Pero el jardín botánico fue el primer lugar que nos enamoró.
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Al fondo la torre del Estadio Olímpico.

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Las niñas coleccionaban hojas, semillas, piedras y palitos. Dibujaban árboles en sus cuadernos pequeños, daban comida a los peces Koi en el jardín japonés y tomaban té con mooncakes en el jardín chino. Hacíamos picnics en el arboretum, fotos en las rosaledas y respirábamos nostalgias en la selva tropical del invernadero.
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En nuestro primer año fuimos al jardín botánico en otoño para ver la exposición de calabazas decoradas, el festival de linternas chinas y el laberinto de Halloween, en primavera para ver miles de mariposas en libertad dentro del gran invernadero y en verano para ver el jardín de lirios alrededor del estanque de patos. Cuando alguien venía a visitarnos, lo llevábamos de cabeza al jardín botánico porque nos parecía el lugar más lindo del mundo y queríamos compartirlo.
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El domingo pasado regresé con una Valeria fotógrafa de dieciocho años. La desperté diciéndole bajito al oído “Vayamos al jardín botánico” y pasamos el día bajo el sol recorriendo los sitios favoritos, los que la Valeria de siete años conoció con un caballo de plástico en las manos. Es primavera así que el jardín está intensamente florido. Y yo lo caminé por horas viendo en mi cabeza la película de nuestro primer año en Canadá y sentí un ola de agradecimiento absoluto, de amor potente por ese parque que tuvo suficiente magia como para ser nuestro primer lugar querido

Ese difícil tema llamado casas

Esta primera parte del 2016 ha sido para mí más rara que un perro a cuadros. Me siento extrañísima. Escribiendo listas de todo lo que ya no quiero hacer. Coleccionando nuevos amores. Los nuevos amores son ideas. Que en realidad son proyectos, todos en marcha, todos bonitos. Proyectos que me halan sobre el mar como un bote veloz a una esquiadora acuática.  Por eso el blog ha estado callado, como una olla de presión a punto de explotar, como una represa con una grieta, como un globo cerca del alfiler. O sea, que hará ruido cuando sea el día. Hoy solo trae unas casas.



No nos dejemos engañar por el bonito mosaico. En La Vuelta al Mundo estamos haciendo juegos fotográficos mensuales desde hace ocho años y este ha sido mi menos favorito. El más incomprendido. Yo propuse “casas” y empezaron a aparecer iglesias, tiendas, hoteles, edificios de oficina, plazas, ayuntamientos, mercados, calles, puertas, ventanas, tejados, ciudades, autopistas, naves espaciales, microorganismos, espíritus del más allá, festivales de rock y perros disecados. Yo pensaba que casa era el tema más fácil del mundo y resultó rocket science. Me he puesto a mí misma en el rincón por no transmitir bien la idea y me he castigado sin merienda por 1 día (que tampoco hay que exagerar). Total que aquí vengo con el nuevo tema un poco llena de pavor:  El nuevo tema es agua. Water. De la transparente. Y no me hagas sufrir porque mira que estoy sumamente blandita.
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Nuevo juego fotográfico de mayo/junio: Agua. Visita nuestro foro para ver ejemplos.
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